Elucubraciones. Pensar por cuenta propia

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Por: Eduardo Aristizábal Peláez.

José Ortega y Gasset dejó una sentencia que aún hoy provoca y sacude: «Ser de izquierda es, como ser de derecha, una de las infinitas maneras que el hombre puede elegir para ser un imbécil». Más allá de la dureza de la expresión, lo que realmente plantea es una advertencia contra el fanatismo político y la renuncia al pensamiento autónomo.

La historia demuestra que ninguna ideología garantiza inteligencia ni virtud. Tampoco la pertenencia a un bando convierte automáticamente a alguien en ignorante. El verdadero riesgo aparece cuando las ideas dejan de ser objeto de reflexión y se transforman en dogmas incuestionables. En ese momento, la política deja de ser un espacio de debate razonado y se convierte en un campo de lealtades ciegas, prejuicios y descalificaciones personales.

Con demasiada frecuencia, vemos cómo se justifica cualquier error de los propios y se condena, sin examen alguno, cualquier acierto de los adversarios. Esa actitud no es inteligencia política, sino servidumbre ideológica. La auténtica lucidez consiste en mantener la capacidad de discernir, reconocer los errores propios y valorar las buenas propuestas, sin importar de qué sector provengan. Ortega y Gasset nos recuerda que la verdadera estupidez no está en ser de izquierda o de derecha, sino en renunciar a pensar por cuenta propia.

En política, el problema no es tener convicciones, sino convertirlas en verdades intocables. Cuando la militancia sustituye al razonamiento, el adversario deja de ser un interlocutor y se convierte en un enemigo a destruir.

Una democracia sana necesita ciudadanos capaces de cuestionar a sus dirigentes, reconocer los aciertos ajenos y rechazar los abusos, sin importar de dónde provengan.

La inteligencia no tiene partido, y la necedad tampoco. Ambas se revelan en la manera como cada persona usa o abandona su capacidad de juicio. La mayor libertad política no consiste en escoger una bandera, sino en preservar la independencia de pensamiento para no terminar prisioneros de ella.

En tiempos de polarización, este llamado resulta urgente; pensar por cuenta propia es el único antídoto contra la manipulación y la intolerancia. La democracia no se fortalece con seguidores obedientes, sino con ciudadanos críticos, capaces de ejercer su libertad intelectual. Esa es la verdadera responsabilidad política de nuestro tiempo.

 

 

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