De socióloga a tendera

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El Opinadero. com.co

Por: Consuelo Gómez Alvira

Historias de vida

Cuando terminé mis estudios en la Universidad Nacional, decidí viajar por Suramérica, antes de ponerme a trabajar. Fue un viaje que duró dos años y me dejó maravillosas experiencias y enseñanzas.

A mi regreso a Colombia, me vinculé laboralmente a la Carder, entidad del Estado encargada de administrar los recursos naturales en el Departamento de Risaralda.

Pero… ¿Cómo llegó una persona que llevaba dos años fuera del país, que vivía en Bogotá y no conocía a nadie en Pereira, a trabajar en una entidad de Risaralda, como la Carder?

En 1986, la Carder celebró un convenio con el gobierno de Holanda para ejecutar el Plan de Ordenamiento del tramo urbano del río Otún. Los holandeses requerían de un sociólogo, pues para ellos era importante el componente social del proyecto.

Por una amiga supe que estaban buscando tal sociólogo(a) en Pereira y, sin pensarlo dos veces, viajé desde Bogotá. Me presenté a una entrevista, sin cita previa, ni recomendaciones, ni palancas.

Afortunadamente para mí, me entrevistó un sociólogo holandés, que no requería de citas previas, palancas ni recomendaciones. Fui seleccionada y aquí me quedé.

Trabajé durante 22 años en la Carder. Fueron años de valiosas experiencias y aprendizajes, que me permitieron conocer muchas cosas sobre Risaralda y su gente, sobre la forma de articular mis conocimientos con otras disciplinas para abordar la temática ambiental, temática que he de decirlo, no conocía mucho, pero que gracias a mi vinculación con la Carder tuve la gran oportunidad de conocer y abordar desde mi profesión.

Es por eso que hoy, cuando miro hacia atrás, puedo afirmar que esta fue para mí, una experiencia absolutamente enriquecedora.

De socióloga a tendera

En el año 2002 tomé la decisión de pasar mi pensión a un fondo privado. Estos fondos eran de reciente creación, y nos convencieron de los múltiples beneficios que nos traería dicha vinculación. ¡Gran error, que hube de pagar a muy alto costo!

Años después, cuando se acercaba el momento de pensionarme, solicité al Fondo Privado calcular mi pensión. Me respondió que ésta no superaría el salario mínimo. Quedé anonadada. No podía imaginarme pasar el resto de mi vida con un salario mínimo.

Comencé a pensar en lo que tendría que hacer para sobrevivir con ese ingreso. Necesitaba encontrar otra fuente de recursos, como comprar un negocio, cualquier cosa que me proporcionara un ingreso adicional.

Con esa idea fija en la mente, entré al minimercado de mi barrio y me encontré con la dueña, a quien le conté lo que me pasaba. Para mi sorpresa, me dijo que estaban vendiendo el negocio, y si me interesaba, podíamos hablar del asunto.

Lo tomé como una señal, una oportunidad que no podía dejar pasar. Pensé: “Bueno, lo que es para uno, es para uno”, y me propuse conseguir el dinero para comprarlo.

Pasé tres meses buscando como conseguir el dinero. Gestioné y obtuve cuatro créditos de diferentes entidades bancarias, considerando que el Minimercado daría para pagar las cuotas de los créditos.

¡Fue una locura financiera, pero lo logré! No sabía en qué me estaba metiendo, pero me sentía contenta de haberlo conseguido. El negocio era mío. Solo que no sabía cómo manejarlo, y para quienes crean que manejar una tienda es fácil, les digo que no, que no es nada fácil.

Desde ese día, se acabó mi tranquilidad. Había que entenderse con entidades del Estado, trámites, impuestos, Cámara de Comercio, asuntos de contabilidad, reclamos en los servicios, proveedores, clientes, cajeras y domiciliarios que aprovechaban cualquier oportunidad para robar… ¡Era todo un entramado de cosas que desconocía!

Poco a poco fui aprendiendo sobre el negocio y después de muchos tropiezos y dificultades, logramos ponerlo a funcionar adecuadamente.

Pero repito, ¡No fue nada fácil! Les aseguro que los problemas y sinsabores que tuve que atravesar, darían material para escribir otra historia.

Cuando por fin logré pensionarme –lo que incluyó poner tutelas y demandas que afortunadamente gané- pude disponer de más tiempo para permanecer en el minimercado.

Así fue como la gente del barrio empezó a conocerme. Un día, mientras caminaba por el conjunto, vi que unos niños me miraban y uno de ellos le decía a los demás, con cierto orgullo: “Ella, es la señora de la tienda”, como si les estuviera presentando a alguien importante. Y es que, para un niño, la tienda del barrio, sí que era un lugar importante.

Ese día entendí, que había dejado de ser “La Socióloga de la CARDER”, para convertirme en “La Señora de la tienda”. ¡Vueltas que da la vida!

Tiempo después…

Han pasado 16 años desde el día que me pensioné.

El tiempo transcurre a mil velocidades y sentí que había llegado el momento de “entregar la posta”, o sea, transferir el oficio a otra persona. Y eso hice. Ahora, el minimercado es de mi hija.

Ya no soy la “Señora de la tienda”. Ahora me dedico a escribir. Siempre me ha gustado hacerlo, pero no había tenido el tiempo ni la disciplina necesarios para convertirlo en un oficio, que ya siento que lo es y me encanta.

Escribo relatos autobiográficos, relatos de viajes, relatos de la cotidianidad, textos sobre problemáticas sociales, temas culturales. Envío mis relatos a concursos internacionales, de los cuales he sido merecedora de que me publiquen siete relatos en Antologías Latinoamericanas. Además, estoy preparando un libro sobre mi recorrido de dos años por Sur América.

También escribo para el periódico digital El Opinadero, que generosamente me abrió sus puertas y me permite mantener una rutina de artículos, lo que me ha significado forjar una disciplina, practicar y mejorar la escritura y compartir mis escritos con los lectores, que es lo más importante para mí. Por todo ello, me siento muy agradecida.

Reflexion final

De esta forma, mi ruta vital se podría resumir en un recorrido que va de viajera a socióloga, socióloga a tendera y tendera a escritora.

Pero, ¡Ojo! Que no son historias separadas, son etapas de una misma historia. Cada una, deja enseñanzas para la siguiente y abre las puertas para continuar.

Cuando viajaba, observaba, aprendía y analizaba. En la CARDER, aplicaba los conocimientos de la sociología. Ahora que escribo, he requerido de la viajera y la socióloga, pues son temas frecuentes en mi trabajo literario.

Mi escritura se centra en los matices de la vida cotidiana, vínculos humanos, historias. Escribo en tono reflexivo, donde la memoria, los viajes y la observación del entorno se convierten en materia narrativa.

Y ahora, desde mis 72 años de vida transcurridos, me pregunto: ¿Qué me deparará el futuro? ¿Cuál será la próxima etiqueta que me identifique?

Porque siento que todavía hay futuro por recorrer. Mi puerta sigue abierta, esperando nuevas etiquetas que seguirán formando parte de una misma historia.

La historia de mi vida.

Consuelo Gómez Alvira

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