Elucubraciones. La fiebre en las sábanas

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Por: Eduardo Aristizábal Peláez

La salida de Hernán Darío Herrera del Once Caldas no parece ser la solución a los problemas estructurales del club. Su proceso, iniciado en octubre de 2023 y extendido por casi tres años, dejó cifras que lo consolidan en la historia del equipo blanco de Manizales: 156 partidos dirigidos, 68 victorias, 40 empates y 48 derrotas, con un rendimiento del 52% de los puntos disputados. Bajo su conducción, el equipo anotó 201 goles y recibió 161, todo ello con una nómina modesta y limitada.

Hernán Darío Se convirtió en el técnico de la primera división colombiana que más tiempo consecutivo acumuló al frente de un mismo equipo en las últimas temporadas. Cuando asumió el cargo, el club atravesaba una severa crisis institucional y deportiva, estabilizó el promedio del equipo y lo alejó por completo de la zona de descenso. Logró clasificar al Once Caldas a tres cuadrangulares semifinales y le devolvió el boleto a un torneo internacional al clasificarlo a la Copa Sudamericana. Sus 68 victorias lo posicionan como el segundo entrenador con más triunfos en toda la historia de la institución.

El verdadero trasfondo de la crisis no está en el banquillo, sino en la propiedad del club. Los actuales dueños han manifestado desde el inicio, que su interés es económico y de mercado, no deportivo. Para ellos, el Once Caldas es una ficha estratégica en el Eje Cafetero, región vital para la logística de carga pesada y la agroindustria, más que un proyecto futbolístico. A esto se suma la desconexión con la hinchada, que exige pasión y resultados, mientras los propietarios priorizan intereses ajenos al deporte. Son seguidores del Atlético Nacional.

Aquí se revela la paradoja: los objetivos de hinchas y dueños son contrarios, chocan y aunque no es lógico, es real. Los seguidores deben interpretarlo con claridad, mientras ellos sueñan con títulos y gloria deportiva, los propietarios piensan en balances financieros y mercados estratégicos de sus empresas de transporte. Esa contradicción explica la frustración constante y la sensación de que el club no responde a la identidad de la ciudad. En este contexto, culpar al técnico es un error.

Hernán Darío, con sus aciertos y limitaciones, ofreció estabilidad y dignidad deportiva. El problema es más profundo, la falta de un proyecto institucional que respalde al equipo en lo deportivo y lo represente con fuerza en los escenarios de poder del fútbol colombiano.

Por eso, en lugar de insistir en cambios de entrenador, Manizales debería impulsar una campaña seria para recuperar la ficha del equipo. Un mecanismo viable sería el fideicomiso de garantía o de inversión, administrado por un banco que adquiera los derechos y los coloque en un fideicomiso. Los hinchas, mediante créditos, podrían ir pagando y convertirse en beneficiarios, hasta lograr la transferencia de la propiedad.

El futuro del Once Caldas no depende de la salida de técnicos, sino de la capacidad de su ciudad y su hinchada para recuperar el control del club. Solo así se podrá garantizar que los intereses deportivos prevalezcan sobre los financieros, y que el equipo vuelva a ser protagonista con un proyecto sólido, transparente y verdaderamente manizaleño.

El Once Caldas no puede seguir siendo huésped en su propia casa, es hora de que regrese a las manos de los hijos de Caldas, para que la voz de la tierra vuelva a latir en cada gol y en cada sueño de su gente.

 

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