A la memoria de la matrona Angélica Correa de Vélez (1929 – 2026)

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Por:  *Ángel María Ocampo Cardona

En el municipio de Risaralda, Caldas, partió de este mundo la señora Angélica Correa de Vélez, matrona ejemplar, madre amorosa y figura entrañable en la historia cultural del Viejo Caldas. A los 97 años, deja una huella profunda en la memoria de su familia y de la comunidad que la vio nacer y crecer.

Doña Angélica fue madre de doce hijos —siete mujeres y cinco hombres—, entre ellos figuras destacadas de la vida intelectual y artística de la región:

Fabio Vélez Correa, historiador, escritor y pedagogo, miembro fundador del Centro de Escritores de Manizales y de la Academia Caldense de Historia.

Roberto Vélez Correa, novelista, crítico literario y decano de la Universidad de Caldas, cuya obra iluminó la literatura regional.

Jorge Vélez Correa, escultor de renombre internacional, discípulo de Rodrigo Arenas Betancourt, creador de monumentos que ennoblecen el paisaje caldense.

Gabriel Vélez Correa, alcalde de Risaralda, símbolo de integridad y servicio público, víctima de la violencia política que marcó la historia del país.

Aliria Vélez Correa, educadora comprometida con la formación de generaciones jóvenes.

Junto a ellos, sus demás hijos —mujeres y hombres de trabajo, fe y familia— prolongan el legado de una madre que supo sembrar valores, dignidad y amor por la cultura.

Doña Angélica fue el corazón de una estirpe que hizo de la palabra, el arte y la memoria su razón de ser. En su hogar se gestó una tradición de pensamiento y sensibilidad que ha enriquecido la historia literaria y artística de Caldas. Su vida, tejida entre la sencillez y la fortaleza, representa el espíritu de las mujeres que sostienen la comunidad con su ejemplo silencioso y su amor inquebrantable.

Hoy, la Academia Caldense de Historia, el Centro de Escritores de Manizales, los amigos y discípulos de la familia Vélez Correa, y la comunidad de Risaralda, expresan su profundo sentimiento de duelo y gratitud.

Que su memoria permanezca como símbolo de luz, ternura y sabiduría.

Que su descanso sea sereno, y su recuerdo, eterno.

“Las madres no mueren: se transforman en memoria, en palabra y en raíz.”

 

*Escritor e historiador. Expresidente de la Academia Caldense de Historia

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