Elucubraciones. Liberta de expresión – Libertad de prensa

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Por: Eduardo Aristizábal Peláez

El Periodismo en una profesión muy particular, antiquísima, que tiene su propia preceptiva y su principialística. No cualquier persona puede ser periodista. Me atrevo a decir que nosotros los periodistas somos como los poetas, nacemos con un ADN muy singular y tenemos que estudiar permanentemente. Sin embargo, en 1998, basados en una gigantesca falacia, la Corte Constitucional, presidida por el Magistrado Vladimiro Naranjo, con ponencia del Magistrado Carlos Gaviria Díaz, ambos antioqueños, redujeron la actividad profesional del periodismo a su más mínima expresión, declarándola simplemente oficio, basados en razonamientos como éstos, que hacen parte de dicha sentencia: La Corte señaló que ni la libertad de opinión o pensamiento ni la libertad de expresión requieren, para su ejercicio, determinada preparación o idoneidad académica o intelectual, ya que su titular es toda persona. Se consagraron así dos libertades íntimamente vinculadas, la de pensamiento y expresión.

Hasta ahí todo normal hablando de libertad de expresión y libertad de pensamiento, únicamente. Pero que grave error cuando ese mismo párrafo lo aplican a la actividad periodística, sin entender la gran diferencia que existe en ejercer ese derecho a nivel particular, cualquier persona: libertad de expresión, derecho humano fundamental que protege el pensamiento de cualquier persona y el periodista a nivel público, a través de medios masivos de comunicación: libertad de prensa, extensión de la libertad de expresión, pero enfocada a los medios de comunicación. Diferencia clara, lógica e inobjetable.

Cualquier persona puede hacerlo en forma irresponsable, el periodista, no; la diferencia es grande. No es simplemente el derecho a la comunicación libre y espontánea, de cualquier ciudadano, la diferencia enorme está es en el tratamiento de la información, seria, verdadera, de interés general, a través de medios masivos, que es lo que hace el verdadero periodista con una responsabilidad absoluta.

Pero volvamos atrás y releamos el siguiente párrafo:

La Corte señaló que ni la libertad de opinión o pensamiento ni la libertad de expresión requieren, para su ejercicio, determinada preparación o idoneidad académica o intelectual, ya que su titular es toda persona. Sería aceptar que el periodista puede ser cualquier analfabeta.

Como consecuencia de lo anterior, ahora en Colombia cualquier persona puede ser periodista, simplemente porque tiene derecho a pensar y a informar, no importa que sea un ignorante, irresponsable y las consecuencias ya las estamos sintiendo.

En las campañas políticas ya los diferentes grupos tienen sus propios medios de comunicación, generalmente radio y T.V en calidad de concesionarios, para difundir su propaganda. Sus militantes hacen las veces de periodistas.

Muchos particulares aprovechan estas fechas y hacen su agosto, financiando sus propios medios, haciendo periodismo político, sin ser periodistas, simplemente negociantes.

Las entidades de derecho público tienen todo el derecho a comunicar a través de los diferentes medios masivos serios, sus campañas y realizaciones. Pero esto es bien aprovechado por   los mercaderes del periodismo, negociantes que no son periodistas profesionales con dignidad que me hacen recordar al maestro Kapuscinsky cuando decía:

“Antes, los periodistas eran un grupo muy reducido, se les valoraba. Ahora el mundo de los medios de comunicación ha cambiado radicalmente. La revolución tecnológica ha creado una nueva clase de periodista. En Estados Unidos les llaman media worker. Los periodistas al estilo clásico son ahora una minoría. La mayoría no sabe ni escribir, en sentido profesional, claro. Este tipo de periodistas no tiene problemas éticos ni profesionales, ya no se hace preguntas. Antes, ser periodista era una manera de vivir, una profesión para toda la vida, una razón para vivir, una identidad. Ahora la mayoría de estos media workers cambian constantemente de trabajo; durante un tiempo hacen de periodistas, luego trabajan en otro oficio, luego en una emisora de radio… No se identifican con su profesión”.  Que bien los describe el maestro Bieloruso.

 

 

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