Por: *Octavio Cardona
A la fecha, el país suma más de 416 listas inscritas para aspirar a una curul en el Congreso de la República. De estas, 406 buscan un lugar en la Cámara de Representantes y solo 10 en el Senado. La cifra, por sí sola, puede parecer un buen augurio, muchos quieren participar, muchos quieren “representar”. Pero detrás de este número aparece la gran pregunta: ¿todos estos aspirantes saben realmente para qué quieren llegar al Congreso?
La sensación que recorre al ciudadano común y que no es para nada infundada, es que una parte importante de quienes se inscriben ven el Legislativo como un escenario de exposición personal más que como un espacio de trabajo legislativo. Un lugar para tomarse selfies, grabar videos para redes y posar como figuras públicas, sin entender la responsabilidad constitucional que supone ocupar una curul.
La preocupación no es menor si se observa el desempeño del Congreso actual. Aunque la Cámara tiene 188 representantes, la opinión pública reconoce y escucha, con suerte, a menos de la mitad. Y no porque los demás estén trabajando silenciosamente, sino porque la invisibilidad suele ser una muestra de irrelevancia política o de ausencia total de iniciativas.
En teoría, cada congresista debería ocuparse de proponer, debatir y vigilar. En la práctica, tenemos un Legislativo donde muchos no aparecen ni en las sesiones ni en los debates clave, y donde el protagonismo se mide más por el número de seguidores en Instagram que por la calidad de los proyectos de ley, los debates, las proposiciones, o las intervenciones en mociones de censura y control político.
Ahora, mientras avanza el cierre de inscripciones, la realidad es que varios congresistas actuales y varios aspirantes quedarán fuera: por falta de aval, por divisiones internas en los partidos, por cálculos políticos o simplemente porque decidieron lanzarse tarde. Pero el verdadero problema no es quién queda por fuera, sino quiénes terminan entrando.
Colombia necesita congresistas que entiendan que la curul no es un premio ni un trampolín. Que sepan que legislar exige preparación, criterio, estudio y, sobre todo, voluntad de trabajar por un país que combina una riqueza inmensa con una pobreza dolorosa en materia de liderazgo y compromiso político.
Mientras sigamos llenando las listas de aspirantes cuyo principal mérito es saber posar frente a una cámara, el Congreso seguirá siendo lo que es hoy para muchos ciudadanos: un escenario de ruido, poca acción y nulo impacto.
No necesitamos más listas, necesitamos mejores representantes.
Y sobre todo, necesitamos que quienes lleguen tengan claro que su tarea no es figurar, sino trabajar.
*Representante a la Cámara