José Luis Alvarez, un señor actor

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Por Germán Ríos Martínez

José Luis Álvarez vivió para el teatro, respiraba y traspiraba teatro, pero no pudo vivir del arte escénico.

Su figura identificó durante años el teatro en Manizales, representó personajes de la Grecia Antigua, hizo de Calígula y fue protagonista de una obra que representaba a Leonardo Quijano un incomprendido e incomprensible personaje que recorrió las calles de Manizales vestido a lo Charlot, con un legajador de papeles viejos debajo de sus brazos.

Sus inicios en el teatro datan de 1969 cuando hizo parte del grupo del ISS, en tiempos memorables en los que entidades públicas tenían sus propios grupos de teatro, que incluso viajaban por todo el territorio nacional; el director de aquella agrupación era Óscar Marín, quien dirigió varias comedias de los clásicos españoles.

Pero una de las actuaciones más rutilantes de José Luis ocurrió en su presentación en “El Místico Burdel”, una obra escrita por Néstor Gustavo Díaz, en la que aprovechaba toda clase de especulaciones que se tejían en Manizales alrededor de una monja conocida como la Madre Anatolia, de quien se dijeron cosas tan atrevidas, como que en su convento funcionaba clandestinamente un burdel, atendido por sus novicias. Anatolia Mesa Botero era el nombre de esta religiosa que no recibió las dispensas de la Santa Sede para actuar como una monja. Su convento estuvo ubicado en el sector de Campoamor donde también ofrecía cursos rápidos de modistería, culinaria, contabilidad etc. Esa obra produjo un ruidoso espectáculo en Manizales y únicamente se presentó en la taberna Kien y en el auditorio del Centro Colombo Americano, cuando estaba situado en la calle 26. La vida de la madre Anatolia fue recreada por el escritor Carlos Eduardo Marín en Erupción Volcánica.

Álvarez Isaza, de noble ancestro, trabajó posteriormente como actor de reparto en Antígona y en la obra Tiresias hizo el papel de adivino, una representación que le ajustaba como anillo al dedo; posteriormente lo vimos en Calígula, una obra que escribió Néstor Gustavo, original de Albert Camus.

Tiempo después, la afición del teatro lo vio aparecer en “El talón de Aquiles”,  una pieza basada en la vida de Leonardo Quijano, un personaje de la picaresca, quien solía publicar un tabloide titulado “El Diablo”, impreso en la tipografía de don Ismael Vanegas, escrito en una jerigonza tan incomprensible, que ni el autor lograba comprender. Quijano recorría diariamente las calles céntricas de Manizales y se ganaba algunos denarios cuando caricaturizaba a los transeúntes que le alquilaban su plumilla. El personaje fue representado por el actor Raúl Vargas y José Luis hizo de siquiatra. “Casi me enloquezco”, dice ahora cuando evoca su fértil vida teatral.

Vino luego “Un gay de regreso al closet”, una obra en la que apareció de nuevo Raúl Vargas, con una magistral actuación de José Luis. La obra intenta desmitificar el tema del homosexualismo.

Desde hace más de veinte años está vinculado con la Fundación Escenarios de Vida, una organización del empresario y exadministrador del Teatro Fundadores, Diego María Arias, dedicada a la presentación de espectáculos en el territorio nacional. Álvarez Isaza es coordinador general y se encarga de toda la logística.

En alguna oportunidad aspiró al Concejo de Manizales, alquiló una carretilla tirada por caballo se disfrazó de Drácula porque se proponía “chupar la sangre de los corruptos”, se divirtió muchísimo, pero no llegó.

José Luis Álvarez hubiera sido un actor muy destacado en la televisión colombiana o en el teatro nacional, pero seguramente le faltó un productor visionario que lo impulsara al estrellato. En una de las fotografías, de Jaime Gómez, aparece de corbata y sobretodo, una pinta que lo identifica en Manizales. Gerima.

 

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