Menos Mal

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Por: *Octavio Cardona

Menos mal que en Colombia la justicia conserva y hace respetar la independencia de poderes, razón por la cual los jueces toman decisiones que no están sometidas al vaivén electoral y, mucho menos, al gobierno de turno.

La reciente absolución del expresidente Álvaro Uribe Vélez es muestra palmaria del funcionamiento de nuestro modelo de Estado. En la decisión quedó advertido que el superior judicial, Tribunal de Bogotá, podía legal y técnicamente apartarse de la decisión de primera instancia, lo cual evidencia que el ad quem no fue instituido para aplaudir; no, señores, su existencia es justamente para revisar y resolver con base en lo mismo que revisó y resolvió la juez de conocimiento.

También quedó claro que los jueces no atienden lo que quieran los amigos, y mucho menos los enemigos del encausado, pues de ser así, la juez de primera instancia lo hubiera absuelto atendiendo el clamor de los amigos, y por su lado, el Tribunal hubiera confirmado sin detenerse a revisar, atendiendo los pedidos de los opositores y enemigos del señor Uribe Vélez.

La sentencia, bastante juiciosa por demás, determinó, mediante un modelo de valoración probatoria diferente al de la juez Sandra Heredia, que las pruebas ilegales son ilegales, y por esa misma razón no existen para el proceso, asunto que ya había sido declarado en sentido semejante cuando se encontraron los computadores del exjefe de las FARC, Raúl Reyes, donde, si bien había unos rudimentos que podrían perfectamente ser suficientes para iniciar procesos penales, no es menos cierto que la Corte Suprema declaró que lo allí encontrado no podía ser prueba procesal por no haberse recaudado con respeto por las ritualidades consagradas en el Código Penal y de Procedimiento Penal.

Lo que adicionalmente nos deja esta sentencia es que el derecho penal es, por sobre todo, un derecho pasional.

La pasión es ese sentimiento por medio del cual, cuando condenaron a Uribe a 12 años de prisión, vimos una multitud gritando a rabiar que la justicia era perfecta, que en Colombia los jueces eran lo mejor que tenía el sistema.

Esa multitud que aplaudía la decisión de Sandra Liliana Heredia es la misma que el martes reventó las redes sociales gritando que los jueces son unos vendidos, que la justicia fue permeada por la política, que los «magistrados» estaban al servicio del condenado, y cientos de insultos que llenarían libros del arte de insultar.

Ahora resulta que la justicia se evalúa según el gusto del «consumidor», cuando lo sensato es que se califique según se resuelva dentro del contexto probatorio arrimado al proceso. Tal vez por esa misma razón es que desde siempre se ha dicho: “Dame las pruebas y te daré el derecho”.

En este caso, más allá de lo que cada uno piense o quiera, la verdad procesal es que Uribe es inocente: nunca hubo delito, y sencillamente se quedaron sin argumentos los que soñaban con verlo tras las rejas, aunque no hubieran pruebas ni elementos para lograr una condena.

No sobra decir, especialmente para los enardecidos opinadores que maltratan a expertos magistrados, que en materia penal todos los encausados son inocentes, y así permanecen hasta que una sentencia derribe la presunción de inocencia y declare culpable al acusado.

De las mejores cosas que tiene nuestra democracia es que los jueces tienen total independencia del gobierno. Eso les da la libertad de decidir según lo que se arrime al proceso, lo que se pruebe en el juicio y lo que le digan la sabiduría y el conocimiento al juez que resuelve, no como en otras “democracias” donde las decisiones las dictan desde palacio. Menos mal.

*Representante a la Cámara

 

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