Alemanes en Manizales

Facebook
WhatsApp
Email
Telegram

Por Germán Ríos Martínez

Después de la primera Guerra Mundial comenzaron a aparecer en Manizales los primeros ciudadanos alemanes, quienes se dedicaron a actividades tan disímiles como el comercio, la industria, la mecánica y, la fabricación y venta de albóndigas.

Don Carlos Hauss fue el primer alemán de esa avanzada que arribó a la ciudad y lo hizo en 1923; había llegado en barco al puerto de Barranquilla, hizo la primera parada en Cali y unos días después llegó a la capital caldense a la casa del gerente de Bavaria de la época; desde un comienzo se dedicó a la importación de artículos de ferretería y materiales de construcción.

La actividad económica de la ciudad era inusitada, y se disparó como consecuencia de los tres incendios y el período de reconstrucción, en la década de los veinte, una gesta épica de una raza que demostró pujanza y emprendimiento. Don Carlos adquirió una ferretería propiedad de don Gonzalo Salazar Campuzano; era el mayor de seis hermanos, procedía de Berlín y, en 1925 invitó a su hermano Federico.

Luego de su primera visita a Manizales, Don Federico había regresado a Alemania a proponerle matrimonio a su novia Lily Troost, condicionado a que lo acompañara a tierras de Colombia, pero doña Lily no pudo  encontrar a Manizales en el Atlas; con motivo de las Olimpíadas de 1936 en Berlín, conocieron una pareja suiza, con quienes establecieron una amistad que se prolongaría durante muchos años. Bárbara, una de las hijas de don Federico, estudiaba interna en un colegio alemán que desapareció para convertirse en un hospital en medio de la guerra.

Don Federico, su esposa y las tres niñas, Bárbara, Carola y Marianne, llegaron a Colombia en barco, por Barranquilla,   hicieron escala en Bogotá, 1947, de donde fueron movilizadas a Manizales en el vehículo del transportador Tulio Ospina, quien no cobró un solo peso por el viaje; se establecieron en el Hotel Escorial, el mejor de la época, y las niñas fueron matriculadas en Santa Inés y el Sagrado Corazón. Las pequeñas recibieron las primeras nociones de español en el barco que las trajo a Colombia.

Años más tarde, doña Bárbara contrajo nupcias con el arquitecto Agustín Villegas, quien sobresalía en esa actividad, en la que tuvo la oportunidad de participar en el diseño y construcción de varias edificaciones y residencias particulares, el teatro Fundadores entre ellas.

Don Carlos se había establecido en el sector de La Florida, donde se dio a la tarea de cultivar un predio muy importante, conocido con ese nombre por el imaginario popular, pero en realidad figuraba en los registros notariales como Hacienda Berlín; disfrutaba de una pensión de jubilación obtenida en Alemania y permaneció en Colombia por el resto de sus días.

Doña Bárbara Hauss es actualmente el centro de una familia manizaleña, estrechamente vinculada a la ciudad; sus hijas son Irene, banquera, Claudia, exfuncionaria de la alcaldía de Manizales y Pía, dedicada a los bienes raíces como agente inmobiliaria.

Bruno Seidel

El viejo Max Seidel nació en Grunberg, hoy territorio de Polonia, cuando hacía, parte del imperio Austro-Húngaro, del Káiser Guillermo II, quien fue el padre de Max Bruno, nacido en Scherppe en 1890, oficial del ejército alemán; esa ciudad se conoce hoy como Zielonagora; en 1914 se encontraba en la república africana de Camerún, cuando estalló la Primera Guerra Mundial y fue entonces cuando esta última nación entró en guerra contra Francia. Alemania perdió la guerra y se firmó un armisticio, pero los alemanes que se encontraban en Camerún fueron hechos prisioneros por los franceses y en esa condición fueron trasladados a Zaragoza, España. Allí trabajó para el Museo Étnico. Don Bruno, el menor de los hijos de Max Seidel, adelantó estudios en Francia porque al fin y al cabo era de una familia acomodada, y se inscribió como agregado comercial, lo que le abrió las puertas para viajar al África con baratijas y regresarse con oro, ámbar, marfil, plata y platino

En la provincia Ibérica, trenzó una relación con un ciudadano antioqueño quien se encargaba de adquirir y exportar mercancías para la Casa Held de Manizales como bronces, sillas vienesas, cristalería fina, vajillas, porcelanas y lámparas.

En un afán por desperdigarlos de Camerún fueron repatriados a distintas partes del mundo y así fue como don Bruno llegó a Barranquilla en 1919; se trasladó a Medellín y allí se conectó con una firma comercial que le era familiar, la Casa Held, la cual le entregó un mosaico de artículos, que comercializaba en Aguadas, Salamina y Avejorral. Era una especie de agente viajero y llegó a Manizales donde conoció a doña Soledad Villegas Gutiérrez, nieta del General Alejandro Gutiérrez, primer gobernador de Caldas; en 1925 nació Heinrich Edward Seidel Villegas, médico, y luego vinieron Dora, contadora de Lúker y Paul Albert, quien fue militar de la Fuerza Aérea de Colombia, especializado en fotografía.

Don Bruno, asentado definitivamente en la capital caldense, montó el Café El Rhin, un salón de eventos de mucha categoría donde acudían las élites de la ciudad y, posteriormente, fundó un almacén de lámparas y otros artículos, que antecedió al famoso almacén de los Van den Enden, un grupo holandés que por la misma época se había establecido en Manizales. El Almacén de Seidel se denominaba El Regalo, donde vendía artículos lujosos para el hogar y todo en platería

En 1942 Colombia le declaró la guerra a Alemania y entonces don Bruno se refugió en la hacienda Berlín, en Manizales, propiedad de su amigo del alma, don Carlos Hauss. La situación era tan complicada, que en inmediaciones de Zipaquirá el gobierno colombiano había establecido una especie de campo de concentración, en el que permanecieron apresados varios alemanes. El gobierno decomisó entonces varias propiedades de alemanes establecidos en Colombia Don Bruno falleció en 1949.

Su hijo Heinrich Edward había nacido en 1925, estudió en la Escuela de Medicina de Antioquia, y siempre estuvo aplicado al estudio y a la investigación. El año rural lo hizo en el municipio antioqueño de Tarazá y en 1959 adelantó dos especializaciones de alto nivel en Harvard. En 1962 se casó con doña Rocío Arango Pinzón, quien falleció en 1998. Sus hijos fueron Ángela médica de la Universidad de Caldas, Eugenia, Veterinaria, Cristina, odontóloga y Bruno, quien ha sobresalido en el campo gerencial en entidades como la Licorera de Caldas y la CHEC. El médico Heinrich creó la Asociación de Cirugía de la Mano, trabajó sin pausa en el Seguro Social y operó gratis a decenas de pacientes nacidos con una deformación física en sus pies, a quienes conocemos como chapines.

Paul Albert fue el primer aviador colombiano en pilotear un avión de propulsión a chorro, y en alguna oportunidad se accidentó a bordo de un helicóptero; estuvo vinculado con la Shell y era experto en aerofotografía. En alguna ocasión “Los Azucenos”, el grupo de jóvenes manizaleños que lideró el más audaz proceso de industrialización de Manizales, le propusieron fundar una empresa de artes gráficas, y así fue como nació Gráficas Seidel. Durante un tiempo vivió exclusivamente de la fotografía, y fue maestro de una generación de extraordinarios fotógrafos. Fue padre de tres hijos: Elizabeth, Hildegar y Susy.

Adolfo Held

Adolfo Held -1880-1981- fue otro alemán que se estableció en Manizales después de la Primera Guerra Mundial; vino atraído por negocios de minería y tabaco, pero resolvió montar la Casa Held, uno de los establecimientos comerciales más prósperos e importantes de la década de los veinte del siglo XX, la más importante en la vida económica de la ciudad.

Resuelve importar herramientas, tejas de zinc, despulpadoras, motobombas, cables, lámparas y todos los materiales requeridos para la reconstrucción después de los incendios; en 1920 decide crear sucursales de su Casa Held en Medellín, Cali, Bogotá y Barranquilla, donde se había establecido una nutrida colonia alemana. Fue propietario, además, de una empresa que exportaba tabaco. Don Adolfo fue el principal proveedor de todos los materiales que se requirieron para la construcción del Cable Aéreo Manizales-Mariquita, y como si fuera poco, fue uno de los principales accionistas del banco Alemán-Antioqueño.

Henry Hencker

Henry Hencker, súbdito alemán, llegó a ser sargento del ejército de su país, especializado en tanques de guerra conocidos como los Panzer; hizo parte del ejército alemán que participó en la operación Barba Roja, cuando Hitler invadió a Rusia. Cayó prisionero cerca de Stalingrado, fue trasladado a Moscú, y después de dos años de encierro fue liberado.

Llegó a Manizales a finales de la década de los cuarenta y montó un taller de mecánica en el barrio El Bosque y, posteriormente lo estableció en un amplio local de la Avenida Centenario, en inmediaciones de la Plaza de Toros.

Cuando arribó a Colombia padecía los traumas propios de una guerra, presentaba un agudo cuadro de tuberculosis, y estaba convencido de que los alemanes eran superiores a los judíos, rusos y gitanos; le costó demasiado vencer esas dificultades y tal vez por eso hubo un tiempo en el que bebía mucho alcohol. “Aprendió a beber aguardiente”, nos dice ahora el médico Óscar Gómez Ceballos, quien lo conoció de cerca, hasta que por fin “pudo superar las pesadillas”.

Contrajo nupcias con la dama manizaleña Miriam Jiménez Estrada, de cuya unión nacieron Liliana, Henry, Herval y Jackeline Hencker Jiménez.

Míster Albóndigas

Tal vez el alemán más conocido en Manizales es don Oscar Albrick Hainsfurth, conocido por varias generaciones como “Míster Albóndigas”; primero había arribado su hermano mayor Erwin, en 1938, procedente de Berlín, quien desembarcó en Buenaventura y se estableció inicialmente en Cali y luego en Popayán.

Erwin se lanzó al proceso de industrialización de salchichas, en un local situado a continuación de su vivienda, ubicada sobre la vía que del Parque Liborio conduce a Villa Pilar, conocida como Industrias Rex. Decidió regresarse a Alemania y vendió su empresa a los ciudadanos manizaleños Victoriano Arango, Pedro Emilio Salazar y Jorge Echeverry, del grupo de “Los Azucenos”

Venía con títulos de instructor de natación, pero rápidamente se estableció en Amalfi, Antioquia, como operario de una mina de oro; su esposa  Margoth, poseía habilidades para la cocina, las que pudo demostrar en tierras paisas. En la actividad minera conoció a otro alemán, don Carlos Hauss, quien lo invitó a venir a Manizales. Con Erwin llegaron Jaime y Margoth y se establecieron en una casona en los terrenos que hoy ocupa el barrio La Leonora, en una residencia que había conseguido el señor Hauss, quien le prestó el dinero suficiente para montar la Salchichería Alemana, que estuvo situada en el centro de la ciudad, muy cerca del edificio de la alcaldía municipal.

Al poco tiempo llegó a la capital caldense don Oscar Hainsfurth, con su esposa Clara y Renata, hija adoptiva. En una escala que habían hecho en Popayán, conocieron al poeta Guillermo Valencia –padre del expresidente Guillermo León Valencia., quien les dibujó maravillas de Manizales, ya que por aquel entonces en la universidad del Cauca estudiaban muchos de los universitarios manizaleños. El poeta Valencia había tejido amistad con varios manizaleños, entre ellos el periodista y escritor Aquilino Villegas.

A poco de su llegada a Manizales, don Oscar montó la Salchichería Berlín, en un local de la carrera 23 con calle 29, donde permaneció durante varios lustros, vendiendo las famosas albóndigas que consumía casi toda la población. El Señor Hainsfurth enviudó de su esposa Clara, vendió su negocio y posteriormente se casó con Norma Roncancio, dama manizaleña, con quien habitó su casa del barrio Estrella. También era profesor de alemán.

Johan Claussen y Arrow

Johann Claussen Restrepo, hijo de alemán, nacido en Pereira el 27 de julio de 1934, fue propietario de una de las empresas más reconocidas en Manizales, Arrow, una fábrica que llegó a producir 10.000 camisas diarias.

Su padre, Guillermo Claussen, de ascendencia alemana, llegó a la capital del Risaralda en 1930 comisionado por el Banco Alemán para abrir allí una sucursal, cuando estaba iniciando el boom del café y, Pereira se avizoraba como el centro de actividades de una próspera región a la que confluían pueblos de Caldas, Valle del Cauca y Antioquia. Fue trasladado a Nueva York donde permaneció durante cinco años, regresó a Colombia y anduvo por Bogotá, Barranquilla y Cali. Había nacido en Mazatlán, México, de padre alemán y madre inglesa, cuando el viejo Claussen era cónsul de  Alemania en tierras aztecas

Fue fundador de la Cervecería Pacífico, una industria muy reconocido en ese campo, todavía en pie. Tuvo una vinculación muy estrecha con labores filantrópicas en México, se vinculó con varias obras sociales y demostró ser una persona de asombrosa sensibilidad social. Una avenida de Mazatlán fue bautizada en su honor como Paseo Claussen.

Johann, el industrial reconocido en Manizales, concluyó sus estudios de secundaria en Barranquilla, y entre sus compañeros de estudio figuró William Meberack Chadid, el padre de la cantante Shakira, quien ha cultivado múltiples oficios, desde locutor de radio hasta joyero, pasando por comerciante, visitador médico, agente de seguros, profesor de literatura y periodista.

En Cali gerenció la fábrica de pitillos y bolsas Alotero, productos hechos con papel, con plantas de producción en Bogotá y la capital del Valle del Cauca.

Decidió establecerse nuevamente en Cali, donde fue vinculado a  Arrow, en ese entonces propiedad de un ciudadano norteamericano, quien era poseedor de la primera licencia de esa marca para Latinoamérica; en la nomenclatura de la empresa figuraba como secretario general, pero en realidad le correspondía hacer de todo, en la parte administrativa, contable, financiera, producción y comercialización. Corría el año de 1952, hasta que en 1964 el gringo resolvió venderle.

Por aquella época, Manizales vivía el más esplendoroso proceso de industrialización, bajo el alero de un grupo de intrépidos muchachos conocido como “Los Azúcenos”, y de la Corporación Financiera de Caldas, gerenciada por don Eduardo Arango Restrepo.  Resolvieron montar una fábrica de camisas con la marca Arrow y decidieron traer al señor Johan a dirigir su montaje y gerenciarla. La empresa tan pronto inició su producción tuvo una inmensa aceptación en el campo de las camisas no sólo en Manizales sino el resto del país. Su crecimiento fue asombroso y pronto se ubicó como una de las primeras empresas industriales en la región.

Había llegado a Manizales con su esposa Nhora Marulanda Mazuera y sus dos hijos Guillermo y Erick Claussen Marulanda, nacidos en Cali, en 1958 y 1959, respectivamente; rápidamente se involucró con los más importantes asuntos de ciudad, los gremios económicos le abrieron las puertas, y comenzó a perfilar un liderazgo en el sector industrial. Había nacido la Industria Colombiana de Camisas S.A, ICCSA, cuya fábrica estaba situada sobre la avenida Santander, cerca a Coldeportes, donde hoy se erige el edificio La Calleja.

En 1978, cuando se consolidaba en proceso de industrialización, Arango Restrepo le ofreció en venta la empresa a don Johann, quien asociado con su hermano Billy, cumplieron el viejo sueño de poseer una industria familiar, con unas condiciones muy favorables para el pago de la deuda. Tres años después se vinculó a la empresa Guillermo, el mayor de los hijos del señor Claussen, y fue entonces cuando se vivió el mejor momento de la factoría, con exportaciones a Estados Unidos y Europa.

En 1971 Arrow adquirió una gigantesca bodega del IDEMA (Instituto de Mercadeo Agropecuario), una entidad de carácter público, situada sobre la vía al Magdalena, donde hoy se encuentra ubicada Expoferias, y rápidamente pasaron de poseer dos almacenes, a treinta y cinco puntos de venta en los principales centros comerciales del país y en afamados , locales.

El gobierno del expresidente Ernesto Samper ordenó una revaluación del peso colombiano, hasta en un  50% con relación al dólar, una decisión que provocó una irremediable crisis económica en la compañía, que finalmente forzó su cierre, después de haber naufragado en medio de una crisis económica entre los años 1995 y 2000

La primera esposa del Señor Claussen,   falleció a los 33 años de edad, y entonces contrajo segundas nupcias con doña Constanza Trujillo, de cuya unión nacieron  Gerhald, Karen y Paul. Don Johan, con 90 años de edad, reside en Medellín.

Alfred Stoltze Schwers

Don Alfred Stoltze Schwers, descendiente de alemanes, nació en Manizales en 1932 y vive entre nosotros; su padre, Ricardo Stoltze se había establecido en Barranquilla cuando llegó de Alemania y se vinculó como agente viajero de una poderosa empresa que distribuía artículos de ferretería por toda Suramérica. Sus viajes los hacía en barcos que llegaban a puertos de Brasil, Argentina, Uruguay, Chile, Ecuador y Colombia. Fue representante de ventas de la  Casa Helda, propiedad del empresario alemán Adolfo Held, y le correspondió la apertura de sucursales en  Barranquilla y otras ciudades. Atendía negocios en Pereira, Cali, Buenaventura, Girardot y Manizales. Decidió regresar a su patria chica y se estableció en Brenden, donde falleció. En Manizales vivió en una casa que construyó en el barrio La Francia, la cual posteriormente sería adquirida por el exministro Hernando Yépes Arcila. Por cierto que esa vivienda tuvo un escudo en su portada, con el águila alemana.

Don Ricardo durante su presencia en Manizales fue cónsul honorario de Alemania y tramitaba los documentos de aquellos hijos de alemanes que habían nacido en la ciudad. Su hijo Alfred se hizo cargo de esa delegación diplomática durante algún tiempo

Don Alfred siguió las huellas de su padre y en la capital caldense se inició en el mercado laboral como vendedor estrella de varias ferreterías que habían surgido durante el período de reconstrucción de la ciudad después de los tres incendios de la década de los veinte. También estuvo vinculado con Avianca y la empresa Mobil, distribuidora de hidrocarburos

Su hermana Trauti nació en Pereira, estudió en el colegio Santa Inés, y se regresó a Alemania y es madre de tres hijos.

El Señor Stoltze contrajo nupcias con doña Ibeth Carmona, una institutora nacida en Chinchiná, de cuya unión nacieron Yuri, egresado de Mercadeo de la Universidad de Manizales, Ricardo Federico, Harold y Antonio .

El autor agradece los aportes que para este artículo hicieron doña Bárbara Hauss y su hija Pía Villegas, Claudia Cristina Gómez, Oscar Gómez Ceballos, Ingrid Hainsfurth, Yuri Stoltze, Guillermo Claussen Marulanda, Bruno Seidel Arango y Jorge Hurtado.

 

 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *