Por: Eduardo Aristizábal Peláez.
La comunicación es un universo amplio que abarca múltiples roles y oficios: Locutor, publicista, influencer, youtuber, relacionista público, comunicador organizacional, entre otros. Todos ellos son comunicadores porque transmiten mensajes, persuaden, entretienen o informan en distintos niveles. Sin embargo, su misión no siempre está ligada a la responsabilidad social de informar con rigor y veracidad.
El periodismo es una profesión específica dentro del campo de la comunicación. Todo periodista es comunicador, pero no todo comunicador es periodista.
El periodista posee una vocación ética y social: informar con independencia, interpretar la realidad, jerarquizar hechos y ofrecer contexto. Su formación exige dominio de técnicas comunicativas, escrita, oral, corporal y de los géneros periodísticos, pero además una capacidad intrínseca para valorar la trascendencia de la información.
La diferencia se entiende mejor con ejemplos de profesiones reconocidas como el Derecho y la Medicina. Todo penalista es abogado, pero no todo abogado es penalista. Todo cardiólogo es médico, pero no todo médico es cardiólogo. Así mismo, todo periodista es comunicador, pero no todo comunicador es periodista.
El periodista profesional defiende el interés común, evita la banalización de la información se prepara permanentemente, sea por academia o por vocación autodidacta. Asume una responsabilidad inconmensurable frente a la sociedad, porque su acción se materializa en medios masivos que moldean la opinión pública.
El periodismo no puede reducirse a un oficio genérico de comunicación, es una profesión con quinta esencia propia, distinta de otras, que exige idoneidad y búsqueda constante de perfección. Defender esta diferencia es defender la dignidad del periodista y la credibilidad de la información en la vida democrática.