Por: Germán Ríos Martínez
Cuándo y por dónde ingresó el tango a Manizales para quedarse en el alma popular, es una pregunta que nos hacemos con frecuencia, mientras escuchamos la melodía porteña en uno de tantos templos en donde se le rinde culto.
Todo indica que la “música ciudadana”, incrustada en los sentimientos populares del manizaleño, se escuchó en nuestros andurriales en la década del veinte; las élites sociales importaron las primeras pastas, unos discos de acetato de 78 revoluciones, en los que por una cara venía un tango y por la otra un bambuco. Llegaron en las vagonetas del Cable Aéreo.
Pero el Teatro Olympia que se inauguró en 1930 fue el principal detonante para que el tango se propagara, y fue allí donde se presentaron las primeras películas con sabor a tango. Las películas de cine mudo se acompañaban con una orquesta que se instalaba en el foso del teatro, una parte cercana al proscenio.
Hay varios historiadores que han recopilado información sobre el tango en Manizales, y de ellos podemos citar a los abogados Rodrigo Vieira Puerta y Enrique Quintero Valencia, cuya producción literaria está dispersa. Vieira fue magistrado del Consejo de Estado, se crió en el barrio San José, y cuando como estudiante se desplazaba a la Universidad de Caldas, se detenía a escuchar los aires tangueros que reventaban las cantinas de La Avanzada, un sector que se cruzaba en su camino; Quintero escribía bajo el seudónimo de Máximo Gris, pero sus ensayos deben reposar en alguna biblioteca que no hemos podido ubicar hasta el momento. Los escritos más accequibles son los de un músico de Viterbo, maestro de oficio, Fernell Ocampo Múnera, quien vive en esa población del occidente caldense; hizo parte del grupo musical Los Celestes, una agrupación de música tropical que descolló en el panorama nacional.
De modo que en Manizales se ha mantenido vivo el gusto popular por la música argentina durante más de cien años, sin los más leves síntomas de agotamiento, porque, al contrario, estos aires se cultivan y fomentan de manera sorprendente. No resulta exagerado afirmar que el tango es parte esencial de la identidad del ciudadano manizaleño.
El baile ahora se practica más en nuestros días en salones, bares y academias que en residencias particulares y, desde las dos de la tarde, aparece una legión de bailadores en la Calle del Tango de Manizales, con el atenuante de que se advierte allí la presencia de niños y adolescentes.
“Su fuerza de torrente es tal, que han hecho de Manizales la ciudad de Colombia donde más personas bailan cotidianamente la música argentina, y han configurado un estilo de baile milonguero con pasos singulares, como la rápida repetición de pasos cortos y puntillosos en el vals, a lo que llaman “picadito”, o el baile atangado del bolero”. Un autor anónimo dijo con razón que gentes de los más diversos oficios y de condiciones físicas y sociales, han conformado una multiforme cuenca cultural que ha dado enorme vitalidad y permanente fulgor al tango en Manizales.
El profesor Enrique Quintero Valencia escribió: “En Manizales el tango entró por las clases altas y luego se bajó al pueblo. Desde luego que no era el pueblo el que podía asistir a conciertos y recitales en los que se incluía música argentina”. En abril de 1922 el maestro Pacho González incluía en el programa para las retretas de su banda, el tango Apache argentino. En 1924, registra La Patria la llegada de discos con canciones como A mi madre, El que a hierro mata y, versiones de orquestas argentinas de Los Millones de Arlequín.
A comienzos de 1928, coincidiendo con la presencia de la cantante argentina María Turgenova en Manizales, se proyectaron películas que ella protagonizaba como Organito de la tarde, Perdón Viejita, las cuales terminaban con su actuación. La Turgenova interpretó algunas canciones en el intermedio de una de sus películas, en el Teatro Manizales.
El café Imperial, en 1930, incluía tangos en las sesiones vespertinas con una orquesta, dirigida por el maestro Anacleto Gallego. Por esa época llegaron tangófilos del norte caldense a escuchar la melodía porteña en el Olympia, donde actuaron José Bohr y su hermana Eva. Desde entonces se escucha Farolito.
Otro virtuoso en el estudio del tango, Jairo Hernán Uribe Márquez afirma: “En los años veinte fueron la prensa y las películas mudas las que ´presentaron el tango en Manizales; se reseñaban el origen y su rápida internacionalización. El cine europeo transmitía una imagen cercana al estereotipo. En 1924, la película Manizales City dedicó una secuencia a una comparsa femenina de carnaval en la cual se ejecutaba un tango apache con atuendos típicos”.
Por esos mismos años aparecieron las victrolas, los discos de 78 rpm, los espéctaculos de variedades de las compañías extranjeras que incluían números de canto y baile de tangos.
En la década siguiente aparecieron la radio y el cine sonoro, que contribuyeron a la difusión y consolidación del tango; en 1933 se pudo apreciar en el Olympia la película Luces de Buenos Aires con la presencia del Zorzal Criollo, Carlos Gardel. Dos años más tarde se frustra la venida de Gardel a Manizales y luego ocurriría lo peor, cuando pereció a bordo de una aeronave que llevaba por nombre “Manizales”. Se abre entonces el anecdotario, con el desfile fúnebre con los restos mortales de Gardel, que rumbo a Buenaventura, se detuvo en Anserma y otros sitios urbanos y rurales de Caldas. El féretro viajó por tren, a lomo de mula y en camión. De Medellín salió en tren pero debido a la falta de conexión férrea, se acudió a las mulas. El cortejo estuvo en Caramanta, avanzó hacia Riosucio. Supía fue otra parada obligatoria del cortejo. Estuvo en Anserma varias horas, antes de descender hacia el Valle del Cauca. Posteriormente llegó a Pereira y de allí se enrrumbó a Buenaventura. A partir de ese momento afloró una fiebre inusitada de establecimientos públicos donde se escuchaba la melodía sureña, con las trilogías clásicas Gardel-Magaldi-Corsini y Gómez-Irusta-Charló. Aparecen las voces femeninas de Mercedes Simone, Azucena Maizani y Libertad Lamarque.
Manizales era el eje de la actividad tanguera y en 1935 ya se percibía su influencia. Surgieron sitios plenamente identificados con el tango como La Palma en la calle 15 con carrera 15, y más arriba en una zona de tolerancia conocida como La Cuchilla, situada cerca de la Avenida Doce de Octubre. De esa época es la zona de tolerancia La Avanzada, con sitios emblemáticos como Puertas de Hierro, Tango Bar, Bola Roja, El Dorado y, en Arenales, el Bar Néstor, La Cuevita, Mi Ranchito, el bar de la “Coja Ofir”, El Amanecer, El Desquite, etc. Pero los sitios más recordados en Arenales fueron La Bamba y Tico Tico, que, aunque no eran tangueros, marcaron toda una época en la capital caldense.
La fiebre por el tango era cada vez más frenética, y las décadas del cuarenta y el cincuenta fueron tan importantes en Buenos Aires como en Manizales. La emisora Electra dedicaba parte de su programación a los aires sureños y en su radio-teatro se presentaban cantantes aficionados, algunos de ellos procedentes de poblaciones como Neira y Aranzazu; una de las cantantes más afamadas, la argentina Mercedes Simone, actuó en el Teatro Cumanday y, en 1957, vinieron orquestas y cantores.
Pero las cantinas tangueras contribuyeran a que aumentara la afición por el tango, el fox, el vals y la milonga. Hubo sectores de Manizales donde en cada esquina había dos cantinas tangueras. El Barrio Vélez huele a tango, y lo mismo acontece con el Barrio Uribe y con La Palma, cuadras arriba del templo de Los Agustinos. Era frecuente entonces la presencia de tiendas-tangueras, establecimientos donde se vendían artículos de la canasta familiar, pero disponían de dos o tres mesas que poblaban ciudadanos ávidos de escuchar la música ciudadana. El profesor Ocampo Múnera tiene su propia versión: «La recolección de las cosechas de café requerían de cogedores que llegaban a Manizales, Chinchiná, Palesina y Arauca, procedentes de todo el país. En esas cantinas se escuchaban dos o tres tangos, una canción de Los Cuyos o el Conjunto América y la infaltable Sonora Matancera. Así se conocieron melodías como Mi noche triste, Soledad, A Media luz, Nieve, Noche de abril, la muchacha del circo, no te apures carablanca, Cambalache, Noche de reyes, Sangre Maleva, Jornalero, etc».
El poeta y escritor Saúl Sánchez Toro recopiló los sitios donde se cultivaba el tango en Manizales en las décadas de 1950 y 1960:
El Pigal, calle 15 con 14; Cuesta Abajo, el Gran Café, La Universidad de la carrera 23 con calle 17, Nuevo Adamson, carrera 23 calle 24, Bar Champion, carrera 23 calle 27, Café Cumanday, carrera 22 calle 25, Bar Tamanaco, Bar Matorral, calle 23 carrera 21, Bar El Candil, calle 21 carrera 19, Café Imperial, calle 24 carrera 17, El Encopao, calle 18 carrera 14, Cantina Puerto Nuevo, Cantina Magaldi, Cantina del Mocho, Bar Siberia, Cantina de Pedro Cardona, Mi Natai, Mamá Bertha, calle 28 carrera 28, Vuelve el Tango, La Copa de Oro, Cantina Gardel, El Marica Alberto, Capri, Salón Azul., El Danubio, Café América, El Encanto, El Dorado, El Argentino, Garrote, Bar, Rincón Porteño, calle 44 carrera 25, El Bandoneón, carrera 24 calle 43, Alma del Tango, El Gaucho, calle 42 carrera 26, El Rinconcito, calle 44 carrera 25, La Gayola, carrera 24 calle 41, El Astro del Tango, calle 41 carrera 26, Bar Lomuto, La Estrella del Tango, calle 47 carrera 29, Cantina El Estambul, Las Brisas, Bar Canaro, calle 15 carrera 16, Stalingrado, calle 33 carrera 26, Copas y Tangos, calle 30 carrera 26, Mis Delirios, calle 30 carrera 26.
Todavía circula una legión de coleccionistas, quienes pese a los avances tecnológicos, exhiben e intercambian discos en 33 rpm; de ese grupo podemos mencionar a Arcesio Herrera, Pedro Cardona, “El Tullido” Villa, Jesús “Chucho” Ramírez, Eginardo Suárez Granada, abogado quindiano ya fallecido, Ignacio Prieto, Rogelio Muñoz, Miguel Flórez, Hernán Zuluaga, Orlando Valencia, Germán Vásquez y Berta Valencia, Mamá Berta, fallecida hace varios años.
Es tanta la pasión por la melodía sureña en Manizales, que una calle situada en pleno Centro Histórico, se denomina La Calle del Tango, convertida en un espacio obligado para el turismo, De todos sus establecimientos, el más tradicional ha sido Los Faroles, fundado en 1971 por un afiebrado del tango, Hugo Arias, a quien llamaban “El Rolo” y quien falleció en 2025. Reminiscencias fue abierto en 1990 y está situado a continuación de Los Faroles. La actividad tanguera allí es efervescente, desde las dos de la tarde hay decenas de parejas aprendiendo el baile y en la noche se presentan shows artísticos. De la vecindad debemos mencionar Tiempo de Tango, Mr Tango con escuela de baile y Bolero y Tango. Sobresale en esa cuadra una placa en mármol como homenaje póstumo a Armando Moreno, aquel legendario cantante argentino que vivió varios años en Manizales bajo la hospitalidad de Mamá Berta
De los bailarines más reconocidos, con nuestras fuentes citemos a Las Hermanas Pérez, Guillermo “El loco” Avendaño”, Elvia Sepúlverda, “La Manzano”, Héctor Franco “El Negro Máquina”, La Ñata Umber, Caín, Putacho, Belleza, Palomo, La Madreselva, La Gaga María, la pareja de Jesús Ramírez y Rosa Navarro, Gilberto “El Loco” Montoya, “Chucho Arepa”, cuya cojera no le impedía toda clase de malabares, la pareja de Luis Chavarro y Laura “La Gorda”, El Che Arango, considerado como uno de los padres del baile de tango en Manizales, la pareja argentina compuesta por Héctor y Nélida Morbidne, Magnolia Pérez, Zulema Gutiérrez, Luz Marina Marín y Monel Giraldo, un locutor de radio que anduvo por Venezuela con la cadena Capriles, Benjamín García Botero “Mincho”, -primo hermano de «Pipa» Botero-, considerado como uno de los mejores bailarines de tango en la actualidad, ataviado siempre de sombrero gardeliano y, las parejas integradas por Manuel y Lina, Jorge Enrique y Carmen, Alberto y Luz Mery, Magda y Eduardo.
Pero Mamá Berta ha sido uno de los personajes más sobresalientes en la historia del tango en la ciudad. Su nombre era María Bertilda Valencia Corredor, nacida el 11 de julio de 1916 en la vereda Buena Vista, adelante del Cerro de Oro. A su muerte en el año 2012 el diario La Patria publicó una crónica en la que contó que…”a los seis años de edad hizo un pequeño hueco en la pared de su casa, para ver cómo bailaba su padre, grabó los pasos en su memoria y luego salió a bailar. Corría el año de 1924, una época en la que el tango estaba proscrito. Años más tarde, con Eduardo, su esposo crearon el Club de Amigos de la Música Argentina que funcionó en su casa de la calle 28 con carrera 28, barrio Campoamor, donde también funcionó Mi Natai, una especie de templo del tango. Doña Berta profesaba tanta admiración por el cantante argentino Armando Moreno, que lo tuvo viviendo en su residencia durante más de una década». Fue además distribuidora exclusiva del boletín de la embajada argentina en Manizales. En su residencia se alojaron cantores como Andrés Falgás, Hugo del Carril, Pepe Aguirre, etc. Cuando el tango efervecía debido al dinamismo de Mamá Berta, surgieron establecimientos como La Tolda, La Traviata, Puertas de Hierro y cantinas del centro, Campoamor, La Avanzada y Hoyo Frío. Falleció el 3 de septiembre de 2012 y sus restos reposan en la Cripta de la Catedral, al lado de los de Armando Moreno.
De los cantantes de tango de Manizales, Fernell Ocampo cita los nombres de Jorge Morales quien cantó con el seudónimo de Jorge del Moral, Samuel Chica, Lida Ahumada, chilena, esposa de Conrado Sepúlveda, profesor de canto de la Universidad de Caldas, Arcesio Gómez, Luis Penagos, los periodistas Jorge Molina Marulanda y Jairo Castro Eusse, Isabelita Lopera, Humberto Sanz, Jorge Bedoya, Ramón Eugenio Duque, Omar Quintero, William Ramírez, Arnulfo García, Alexis Trejos, de Riosucio, el teclista Silvio González, Roberto Londoño, César Bustamante, Carlos Misas, Augusto Correa Hincapié y Hernando Montoya.
Seguramente en esta historia faltan nombres, personajes y espacios, pero nuestra intención ha sido la de rescatar del olvido una historia popular que está cosida a la historia de Manizales. La crónica se ilustra con una foto de Julio César Gallego Gaviria, “Petaca”, afamado bailarín fallecido en el año 2025.
Gerima