Por: Eduardo Aristizábal Peláez
Hace 5 años, en Escuela de Periodismo, uno de los programas del Club de Periodistas de Manizales, Juan Gossaín presentó un crudo, pero real diagnóstico de nuestra profesión, aún vigente.
Sostuvo el periodista y escritor, que antes de la aparición de las redes sociales, el periodismo tenía 2 caminos, una fuente, la cual originaba la noticia y un periodista, que la publicaba.
Con la aparición de las redes sociales, prosiguió Gossaín, la gente ya empezó a manifestar: ¿yo para que necesito periodistas si yo puedo montar el medio? y la fuente se volvió periodista.
La información ya no pasaba por ninguna verificación, yo pongo lo que quiera y vino la debacle, la manipulación, la tergiversación, la mentira. Buscaron defender sus intereses particulares.
Las redes sociales empezaron a perder la confianza, el ciudadano perdió la fe en las redes y con la aparición de estos canales, se produjo crisis económica, bajaron las suscripciones y la publicidad, entonces los administradores y los dueños de los medios, se hicieron esta reflexión: ¿si yo puedo tomar la información de las redes, para que tengo periodistas?
La mentira se pasó de las redes sociales, a los medios tradicionales.
Bastaba con tener un computador. ¿ Y la verificación, la investigación.? La debacle total.
El ciudadano le perdió la confianza, no solo a los medios electrónicos, sino también a los medios tradicionales. También se perdió la ética, la independencia y la imparcialidad; comenzaron a despedir periodistas de los medios tradicionales.
Los medios comenzaron a trabajar para los interese económicos, sociales, políticos, familiares y el medio decía, no puedo publicar esto o aquello porque me perjudica económicamente, afecta a mi familia, se vino el derrumbe de la confianza publica.
La hecatombe. La gente ya no confía en los medios. No hay caída más grande que la confianza, la fe, la credibilidad pública. Hoy eso se ha perdido y hay que rescatarla.
Invitó Juan Gossaín, en aquella oportunidad a todos los periodistas, para que en sus salas de redacción impriman en letra destaca y color llamativo, la frase: la verdad, por encima de todo.