Unimedios
Una tormenta de menos de una hora fue suficiente para generar apagones, calles convertidas en ríos y múltiples emergencias en Manizales; sin embargo, no se trata de un hecho aislado, pues durante enero y comienzos de febrero en varios sectores de la ciudad ha llovido entre un 120% y un 160% más de lo normal para esta época del año, según el análisis de la profesora Jeannette Zambrano Nájera, docente del Departamento de Ingeniería Civil e integrante del Grupo de Trabajo Académico en Ingeniería Hidráulica y Ambiental de la Universidad Nacional de Colombia, Sede Manizales.
El problema no es solo cuánto llueve
Más que el acumulado mensual, lo que preocupa es la intensidad. “No es que esté lloviendo todo el tiempo, sino que está lloviendo muy fuerte en pocos minutos. Eso hace que el agua no alcance a entrar al alcantarillado y las calles se conviertan en ríos”, señala la profesora Zambrano.
Cuando el agua cae de forma concentrada, el sistema de drenaje no logra evacuarla a la misma velocidad. El resultado: inundaciones pluviales, es decir, acumulación de agua en vías urbanas.
Las estaciones de monitoreo de la Universidad registran la lluvia cada cinco minutos. Con esos datos se calcula la intensidad, que permite medir qué tan “energizada” es una tormenta.
“Hemos tenido eventos con intensidades muy altas. Eso significa que en muy poco tiempo cae mucha agua, y esa energía adicional aumenta el potencial de daños”, precisó la docente Zambrano Nájera.
Entre las afectaciones más comunes están:
- Inundaciones en calles y barrios
- Erosión (cuando el agua arrastra tierra y desgasta el suelo)
- Arrastre de lodo y piedras
- Caída de árboles
- Daños en infraestructura
¿Por qué hubo apagones?
Las lluvias intensas suelen venir acompañadas de tormentas eléctricas. Los cambios bruscos de temperatura generan una atmósfera más inestable y con mayor carga eléctrica. Cuando se producen descargas muy fuertes, pueden superar la capacidad de protección de los sistemas eléctricos.
“Aunque existan protecciones, si la descarga es muy intensa puede causar fallas. Eso explica los apagones y daños en equipos electrónicos”, indica la docente.
Impactos en la salud
Las variaciones rápidas de temperatura y humedad también tienen efectos en las personas. Ambientes muy húmedos y calurosos favorecen la circulación de virus y bacterias, aumentando alergias y enfermedades respiratorias, especialmente en niños y población vulnerable.
Manizales, entre las ciudades mejor preparadas
No todas las regiones del país cuentan con herramientas para monitorear estos eventos. Sin embargo, Manizales dispone de un sistema de monitoreo en tiempo real operado por la Universidad Nacional. La información puede consultarse públicamente en el Geoportal SIMAC: https://cdiac.manizales.unal.edu.co/geoportal-simac/, y además se dispone de un Sistema de Alerta Temprana diseñado también por la Universidad Nacional de Colombia y operado por la Unidad de Gestión del Riesgo del municipio de Manizales. Allí las lluvias se traducen en alertas tempranas por deslizamientos e inundaciones. Este se puede consultar en la página web de la Alcaldía de Manizales.
Allí se visualiza el comportamiento de las estaciones distribuidas en la ciudad y se identifican zonas con mayores acumulados de lluvia. “No podemos evitar que llueva, pero sí podemos reducir el riesgo de que un evento se convierta en desastre. La información en tiempo real permite reaccionar más rápido”, afirma la docente Zambrano.
En la respuesta ante la gestión de estos eventos, participan la Unidad de Gestión del Riesgo, Bomberos, Defensa Civil, Policía, autoridades ambientales y la comunidad.
El reto estructural: cómo estamos construyendo la ciudad:
Más allá de la emergencia inmediata, la experta señala un problema de fondo: la impermeabilización del suelo. Cuando una ciudad se llena de concreto —vías, edificios, parqueaderos— el agua pierde espacios para infiltrarse y debe correr por la superficie.
“En Colombia llueve mucho. Si no dejamos áreas verdes donde el agua pueda entrar al suelo, aumentamos el riesgo de inundaciones”, advirtió. La cobertura arbórea también juega un papel clave. “Los árboles ayudan a retener agua, moderan la temperatura y reducen el impacto de las lluvias intensas. Pero son medidas de largo plazo”.
Prepararse para distintos escenarios:
La docente recuerda que en algunos años el problema es la lluvia excesiva y en otros, la sequía. Por eso, insiste en que la gestión del riesgo debe ser permanente. “No podemos enfocarnos solo en la emergencia del momento. La preparación debe ser sistémica y constante”.
La Universidad Nacional de Colombia, Sede Manizales continúa con el monitoreo y la información permanece abierta a la ciudadanía, en un esfuerzo por fortalecer la prevención y proteger la vida.